Qué es el certificado de ahorro energético (CAE)
Ariadna Arias - MARZO 20, 2026 - Movilidad sostenible

Para que la eficiencia energética sea un hecho y mejoremos el consumo de energía, España y la UE han creado los Certificados de Ahorro Energético (CAE) para fomentar el ahorro entre usuarios, empresas y otros agentes. El objetivo es vender y comprar energía ahorrada.
Qué es el Certificado de Ahorro Energético
Un Certificado de Ahorro Energético (CAE) demuestra que, gracias a alguna actuación concreta, se ha ahorrado energía en España equivalente a 1 kWh.
El sistema lo ha puesto en marcha el Gobierno para que las comercializadoras de energía y otros sujetos obligados puedan cumplir parte de sus objetivos de ahorro comprando ahorros ya conseguidos, en lugar de hacerlo todo solo vía inversiones propias.
Las empresas pueden:
- o bien hacer proyectos que ahorren energía ellas mismas,
- o bien comprar CAE generados por otros proyectos (rehabilitar edificios, cambiar iluminación o, cada vez más, actuaciones ligadas a la movilidad eléctrica).
Para los usuarios de coche eléctrico, lo importante no es tanto el BOE, sino la idea: cuando alguien cambia tecnología vieja por una más eficiente (por ejemplo, una flota de térmicos por una flota eléctrica, o instala puntos de recarga inteligentes que optimizan consumos), ese ahorro medible se puede convertir en CAE. Esos certificados luego se pueden vender a las empresas energéticas que están obligadas por ley a demostrar cierto volumen de ahorro al año.
¿Por qué nace el sistema de certificados CAE?
El sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE) nace con el objetivo de poner dinero encima de la mesa para que a las empresas les compense invertir en eficiencia energética.
Cuando alguien hace una actuación que demuestra un ahorro de energía (por ejemplo, consume menos electricidad o menos combustible para hacer lo mismo), ese ahorro se puede convertir en un certificado con valor económico que se puede vender a empresas energéticas que, por ley, están obligadas a alcanzar ciertos objetivos de ahorro.
Con este sistema se busca dos cosas a la vez: por un lado, empujar a empresas y administraciones a apostar por tecnologías más eficientes; por otro, crear un mercado donde esos ahorros se puedan medir, valorar y monetizar de forma transparente.
Todo esto está recogido en el Real Decreto 36/2024, de 24 de enero, que es el que pone las reglas del juego: explica cómo se generan los CAE, quién puede emitirlos, cómo se validan, cómo se registran y quién puede comprarlos y venderlos. También fija los mecanismos de control y seguimiento para evitar picarescas y asegurar que, detrás de cada certificado, hay un ahorro energético real y comprobado, no solo buenas intenciones sobre el papel.
Quién puede beneficiarse de los CAE
El sistema de Certificados de Ahorro Energético está pensado para que jueguen, sobre todo, tres tipos de actores. Por un lado están los llamados sujetos obligados, que son las comercializadoras de energía y otras empresas que, por ley, tienen que demostrar cada año que han conseguido un cierto volumen de ahorro energético. Si no lo consiguen con proyectos propios, pueden comprar CAE en el mercado.
Luego están los agentes que están en medio: empresas de servicios energéticos, agregadores, consultoras, gestores de carga, compañías de renting, operadores de puntos de recarga… Son quienes diseñan y ejecutan proyectos de eficiencia (por ejemplo, electrificar una flota, instalar puntos de recarga inteligentes o sustituir vehículos térmicos por eléctricos), calculan el ahorro, preparan la documentación y tramitan los CAE ante la Administración.
Y, en el extremo final, están los usuarios: particulares, empresas con flotas, ayuntamientos, operadores de transporte… Es decir, quienes realmente cambian el coche, instalan el cargador o modifican su manera de consumir energía. Sin ellos no habría ahorro que certificar.
Un particular, por norma general, no entra en el BOE con su coche eléctrico bajo el brazo a registrar un CAE. Lo habitual es que ese ahorro se canalice a través de alguien: una empresa de renting, un programa de una eléctrica, un gestor de recarga o un proyecto colectivo. Por ejemplo: una empresa de reparto que sustituye 50 furgonetas diésel por 50 furgonetas eléctricas, instala cargadores en su nave y adapta sus rutas. Ese proyecto genera un ahorro brutal de combustible que se puede cuantificar. Una consultora o empresa energética lo mide, lo registra como actuación de eficiencia, la Administración lo valida y de ahí salen CAE que se venden a los sujetos obligados. Con el dinero de esos CAE, la empresa puede abaratar el coste de la operación, ofrecer mejores cuotas de renting a sus clientes o reinvertir en más infraestructura.
Con un coche eléctrico particular pasa algo parecido, pero a pequeña escala. Tú no tramitas el Certificado de Ahorro Energético, pero puedes beneficiarte si tu comercializadora lanza descuentos por sumarte a un programa de eficiencia, tu empresa de renting repercute parte del valor de los CAE en cuotas más competitivas, o un operador de recarga financia nuevas estaciones gracias a los CAE y puede ofrecer mejores precios o servicios.
Cómo encaja el coche eléctrico dentro del sistema de CAE
El sistema de CAE solo reconoce ahorros de energía medibles y demostrables. Y la movilidad eléctrica, cuando sustituye kilómetros de gasolina/diésel, genera exactamente eso: menos energía consumida y menos emisiones para hacer lo mismo (mover personas o mercancías).
Pero ojo, no basta con tener un coche eléctrico sin más. Para que entre en el sistema CAE tiene que haber un antes y un después claro, por ejemplo, una empresa o administración que pasa de usar X coches de combustión a X coches eléctricos; un cálculo del ahorro en el que se comparan los consumos energéticos del escenario viejo (litros de combustible) con el nuevo (kWh eléctricos ajustados por eficiencia); o una metodología reconocida donde ese ahorro se calcula siguiendo fichas y métodos oficiales, no “a ojo”.
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¿Qué cosas relacionadas con el vehículo eléctrico se pueden usar para generar CAE?
- Sustituir una flota de vehículos de combustión por una flota eléctrica (taxis, reparto, renting corporativo, flotas municipales…).
- Instalar puntos de recarga inteligentes que reduzcan picos de potencia, optimicen la carga nocturna y mejoren la eficiencia global del sistema.
- Renovar vehículos viejos muy ineficientes por modelos eléctricos o de muy bajas emisiones en usos intensivos (VTC, logística urbana, etc.).
No se genera un CAE por el simple hecho de que un particular compre un eléctrico. Sí se genera cuando esa compra forma parte de una actuación estructurada, con números, documentación y alguien que se encarga de certificar el ahorro (empresa de renting, gestor energético, gran flota, operador de recarga…).
Debemos pensar en el CAE como un bonus que vive en otra capa: tú haces o usas algo más eficiente (por ejemplo, un coche eléctrico o una infraestructura de recarga bien gestionada), y alguien (empresa, administración o gestor) empaqueta ese ahorro, lo certifica y lo convierte en certificados negociables.
Por eso, hoy el coche eléctrico encaja sobre todo en el sistema CAE a través de flotas (empresas, administraciones, renting, logística), operadores de recarga (que pueden justificar ahorros con tecnología más eficiente) y proyectos colectivos de movilidad (por ejemplo, cambios de flota en ciudades o servicios públicos).
El usuario de a pie no suele ver el CAE directamente, pero sí puede notar sus efectos indirectos: tarifas algo mejores, más puntos de recarga financiados, o programas de renting y sharing que salen a cuenta porque, en segundo plano, alguien está monetizando ese ahorro energético certificado.
Hoy, es verdad, el CAE está pensado sobre todo para proyectos grandes, bien medidos y gestionados por empresas, administraciones y operadores energéticos. Pero aunque tú, como particular, no vayas a pedir “tu CAE” en la ventanilla, sí te va a afectar: más infraestructura de recarga, mejores tarifas, más presión para electrificar flotas y, en general, más dinero privado empujando la transición energética.
