Cómo instalar un cargador de 22 kW en casa
Ariadna Arias - MARZO 13, 2026 - Instalaciones

Instalar un cargador de 22 kW en casa o en tu negocio puede ayudarte a cargar mucho más rápido. Pero antes de pedirlo por internet y colgarlo en la pared del garaje, debemos preguntarte: ¿tu instalación eléctrica está preparada para aguantarlo?
Un cargador de 22 kW es una máquina que puede llegar a demandar tanta potencia como todo un bloque de pisos. Eso tiene implicaciones en la potencia contratada, en el tipo de suministro (monofásico o trifásico), en el cableado, en las protecciones y, por supuesto, en el presupuesto. Si no se estudia bien, puedes acabar pagando de más por algo que no necesitas.
En este artículo vamos a ver, paso a paso, cómo preparar una instalación eléctrica para un cargador de 22 kW, empezando por lo básico: en qué casos tiene sentido planteárselo y cuándo es mejor quedarse en 7,4 o 11 kW y olvidarse de complicaciones.
¿Para quién tiene sentido un cargador de 22 kW? Ventajas y límites de la carga súper rápida en AC
Con cargador de 22 kW hablamos de un punto de recarga en corriente alterna (AC) trifásico, que trabaja normalmente a 400 V y alrededor de 32 amperios por fase. Es un equipo pensado para instalaciones potentes. No todos los vehículos eléctricos aceptan 22 kW en AC. Muchos modelos se quedan en 7,4 kW en monofásica o en 11 kW en trifásica. En esos casos, aunque instales un cargador de 22 kW, el coche mandará y se cargará a lo que admita su cargador interno. Por eso, antes de pensar en la instalación, merece la pena mirar la ficha técnica del vehículo y comprobar cuál es su potencia máxima de carga en AC.
Entonces, ¿cuándo tiene sentido plantearse un cargador de 22 kW? En una vivienda unifamiliar con un solo coche que duerme siempre en casa, muchas veces basta con 7,4 u 11 kW. Un cargador de 22 kW empieza a ser interesante cuando hay varios coches eléctricos compartiendo la misma plaza o cuando los tiempos de parada son cortos. Por ejemplo, un autónomo que entra y sale varias veces al día, una casa con dos VE que se van turnando o un garaje donde el coche solo está unas pocas horas al día.
Donde sí encaja muy bien esta potencia es en un entorno más profesional. Pequeñas y medianas empresas con flotas, parkings privados que quieran ofrecer recarga rápida a sus clientes, talleres que reciben muchos vehículos enchufables o negocios como restaurantes, gimnasios, concesionarios, que buscan ofrecer una experiencia de carga más ágil.
Ahora bien, para alimentar un cargador de 22 kW, la instalación eléctrica tiene que ser capaz de soportar esa potencia sin dejar al resto del edificio a oscuras.
Potencia disponible y tipo de suministro
En la mayoría de viviendas en España el suministro es monofásico y la potencia contratada ronda entre 3,45 y 6,9 kW. Con esa base, un cargador de 22 kW no cabe, por pura física. Para alimentar un punto así necesitas, como mínimo, un suministro trifásico y una potencia disponible muy superior a la de un piso estándar.
Para descubrir si tu vivienda tiene la capacidad, revisa tu factura de la luz. Así verás si tu suministro es monofásico o trifásico, y qué potencia tienes contratada en cada periodo horario. Si solo aparece una potencia y pone algo tipo “230 V”, lo normal es que sea monofásico; si ves tres potencias o referencias a 400 V, es probable que tengas trifásica.
Ahora bien, un instalador autorizado es quien debe evaluar si la acometida (el “cable gordo” que llega a tu casa o negocio), el cuadro eléctrico y el resto de la instalación pueden soportar la carga adicional. En una unifamiliar es más fácil adaptar todo el conjunto; en una comunidad de vecinos, ya entran la finca, la comunidad, los espacios comunes y, a veces, la distribuidora. Un cargador de 22 kW necesita una línea dedicada, con sección de cable suficiente para la potencia y la distancia, y su propio conjunto de protecciones: magnetotérmico, diferencial adecuado al tipo de cargador, protección contra sobretensiones y, en su caso, elementos específicos si lo exige la normativa o el fabricante. Por lo tanto, habría que poner de acuerdo a toda la finca de vecinos.
Costes de instalar un cargador de 22 kW
| Concepto | Estimación Baja | Estimación Alta |
| Equipo (22 kW) | 750 € | 1.500 € |
| Instalación y Protecciones | 600 € | 2.500 € |
| Boletín Eléctrico (CIE) | 150 € | 300 € |
| TOTAL | 1.500 € | 4.300 € |
El coste del equipo físico (el cargador en sí) oscila generalmente entre los 800 € y los 1.600 €. Este precio varía en función de la inteligencia del dispositivo, como la capacidad de balanceo dinámico de carga o la integración con placas solares, y de la robustez necesaria para gestionar una tensión de 400 kW. En cuanto a la instalación y mano de obra, el presupuesto suele moverse entre los 700 € y los 2.500 €, dependiendo de la distancia entre el contador y la plaza de garaje. Piensa que el cableado es más grueso (con cinco hilos en lugar de tres) y las protecciones eléctricas en el cuadro de mando son más caras.
Además, es obligatorio emitir un nuevo Boletín Eléctrico (CIE) que certifique que la vivienda o local soporta esta potencia, lo que añade entre 150 € y 300 € adicionales al proceso. El factor más relevante a largo plazo es el coste de la potencia contratada. Para aprovechar los 22 kW, tu contrato con la eléctrica debe permitir ese flujo, lo que implica una factura más elevada. Si tu finca no está preparada, la distribuidora te cobrará derechos de acometida por cada kW de aumento, lo que puede sumar varios cientos de euros antes incluso de empezar la obra.
Qué dice la normativa sobre instalar puntos de recarga de 22 kw
La normativa que regula la instalación de puntos de recarga en España es la Instrucción Técnica Complementaria ITC-BT-52 del Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (REBT). Este documento establece el marco legal y técnico necesario para garantizar que la recarga de vehículos eléctricos sea segura y eficiente. Según esta norma, cualquier instalación de 22 kW debe cumplir con requisitos técnicos, empezando por la creación de una línea exclusiva que vaya desde el cuadro de mando hasta el punto de recarga. Esta línea no puede compartirse con otros consumos de la vivienda y debe contar con sus propias protecciones de seguridad (magnetotérmico, diferencial tipo A y protector de sobretensiones).
En el caso de los garajes comunitarios, la ITC-BT-52 define varios esquemas de instalación posibles. El más habitual para viviendas es el Esquema 2, que utiliza un único contador principal para la vivienda y el punto de recarga, simplificando la facturación. La normativa también regula las preinstalaciones en edificios nuevos, obligando a que cuenten con conducciones preparadas para el cableado. Además, la Ley de Propiedad Horizontal ampara al usuario: solo es necesario realizar una comunicación previa por escrito a la comunidad de vecinos para instalar el cargador en una plaza individual, sin que estos puedan negarse legalmente, siempre que el coste lo asuma el interesado.
Debido a la potencia de 22 kW, los requisitos administrativos son más exigentes que en una instalación básica. Para esta potencia en concreto, es obligatorio contar con una Memoria Técnica de Diseño (MTD) y, en ciertos casos (como en garajes cerrados con ventilación natural de más de 5 plazas o garajes públicos), puede ser necesario un Proyecto Eléctrico firmado por un ingeniero. En cualquier circunstancia, la ley exige que la ejecución la realice siempre un instalador autorizado, quien deberá emitir el Certificado de Instalación Eléctrica (CIE) tras comprobar que se cumplen todas las medidas de seguridad de la ITC-BT-52.
Cómo adaptar tu instalación

Adaptar una vivienda o negocio para una carga de 22 kW requiere pasar de una instalación monofásica convencional a una trifásica, ya que la energía se reparte en tres hilos de corriente (fases) en lugar de uno solo. Para alcanzar esa potencia, el sistema debe ser capaz de gestionar una intensidad de 32 amperios por cada una de las tres fases, lo que multiplica la capacidad de carga pero también exige una robustez muy superior en todos los componentes del cuadro eléctrico.
El cableado es el elemento que más sufre con esta potencia, por lo que su dimensionamiento es crítico. No solo depende de los 32 A que circularán por él, sino también de la distancia entre el contador y el coche y de cómo vaya canalizado (por tubos enterrados, al aire o empotrados). Una distancia larga puede provocar una caída de tensión que sobrecaliente el cable si este no tiene el grosor suficiente. Por ello, aunque lo habitual sea usar secciones de 6 o 10 mm2 es fundamental que un técnico autorizado realice el cálculo exacto para garantizar la seguridad y eficiencia de la carga.
En cuanto a las protecciones, la normativa exige un despliegue específico para evitar accidentes. Es obligatorio instalar un interruptor magnetotérmico dedicado exclusivamente al cargador para proteger contra cortocircuitos, además de un protector contra sobretensiones (tanto permanentes como transitorias) que salvaguarde la electrónica del vehículo ante rayos o fallos de la red. Mención especial merece el interruptor diferencial, que debe ser adecuado para cargadores de alta potencia (normalmente de Clase A o superior, como el Tipo B), ya que estos coches pueden generar fugas de corriente continua que un diferencial doméstico normal no detectaría.
Finalmente, es muy probable que tu cuadro general necesite una revisión profunda. Si no hay espacio físico para estos nuevos componentes, la solución técnica ideal es la creación de un subcuadro específico para la zona de recarga. Este pequeño cuadro secundario permite centralizar todas las protecciones del vehículo de forma ordenada y segura, facilitando además cualquier tarea de mantenimiento futura sin interferir con el resto del consumo eléctrico de la casa o el edificio.
¿Y si tu instalación no llega a 22 kW? Alternativas realistas
A pesar de las ventajas de un cargador de 22 kW, es común encontrarse con limitaciones técnicas o costes de potencia inasumibles que obligan a replantear la estrategia. Una alternativa mucho más equilibrada para la mayoría de hogares es optar por potencias de 7,4 kW (monofásica) o 11 kW (trifásica intermedia). Al combinar estas potencias con un sistema de smart charging, el coche se carga de forma inteligente durante la noche sin necesidad de sobredimensionar la instalación eléctrica de la casa, aprovechando las horas de menor coste y garantizando que el vehículo esté listo cada mañana.
Ahora bien, como hemos dicho, para negocios o empresas con flotas este cargador sí tendría sentido. Contacta con nosotros si quieres ayuda con la instalación de tu punto de recarga, sea de la potencia que sea.
